¿El método montessori no es para mí?

¡Pronto! ¡Había encontrado una solución! Tenía un método de educación por el cual me había enamorado. Miraba fotos por internet de espacios ordenados, limpios, iluminados. También por las redes, madres modelo que aplicaban el método montessori… Con niños tranquilos, concentrados, también ordenados. Todo fluía tan armónicamente bien. ¡Qué bonito! ¡Quiero lo mismo para mis niñas, mi familia, pensaba. Pero ¿por dónde tenía que empezar?

Bueno, había visto una estantería con los principales “juguetes” encima. Una bandeja, una cama baja o quien sabe solo un colchón ya era suficiente. Una torre de aprendizaje, como le dicen a ese mueble que les permite a los niños ayudarnos en la cocina o a que se laven las manos solitos. Pues eso, decía: ¡lo quiero todo y a empezar ya!

Algo similar a esto que les comentaba me ha pasado hace unos años. Parecía todo tan sencillo. Tenía una situación en casa difícil, una niña que no cumplía las expectativas de la normalidad y necesitaba solucionarlo o por lo menos intentarlo.

Pero lo que no sabía es que el camino sería mucho más difícil. Que tan solo con cambiar los muebles y leer acerca del método montessori no sería suficiente. Necesitaba empezar un proceso de cambio en mí, en mi pareja y en todo nuestro contexto familiar.

¿Cómo era en la práctica? Las niñas se subían a la torre de aprendizaje para ayudarme en la cocina y me enfadaba si cogían algo. ¡Yo perdía la paciencia a cada dos minutos! Y si, finalmente se lavaban las manos de manera autónoma, tenían todo a su altura pero tiraban todo, no lo hacían de la manera que yo consideraba que tenían que hacer en el tiempo que yo quería. ¿Y la cama baja? Mis niñas se levantaban a las dos o tres de la mañana y andaban por la casa, ya no podían dormir. Ni nadie. ¡Todos agotados! Y fueron pasando los días y lejos de tener una solución, tenía el caos instalado y todo muy descontrolado. ¿Y ahora qué? Me veía en más problemas. Pensaba, este método no es para mí, no es para ellas, ¡No podía con él!

Y toda aquella situación no me detuvo. Empecé a reflexionar mucho durante meses. A leer más. Empecé a estudiar. Me ayudó mucho leer acerca de la Disciplina Positiva, algo que siempre os recomiendo. Hasta que me encontré conmigo misma en el punto central. Pues tendré que empezar a cambiar cosas en mí. ¡Sí, en mí! Empezar a cambiar cosas en la relación con mi pareja. En mis reacciones frente a las situaciones. En mi manera de expresarme. En mi tono de voz, en mis prioridades. ¡Vaya! Digamos que una total transformación.

O sea que lo que os quiero decir desde mi experiencia es que para aplicar el método montessori con nuestros(as) pequeños(as) debemos estar preparados(as) nosotros(as) primero. Nuestros hijos(as) siguen nuestros ejemplos, no nuestros consejos. Lo que exigirá de nosotros(as) mucho trabajo, mucha paciencia y mucha observación de como nos comportamos frente a cualquier situación en nuestras vidas. Solo así estaremos preparados(as) para andar de la mano de nuestros(as) hijos(as) y guiarlos(a) en el mismo camino. Un camino de respeto y de mucho amor a uno(a) mismo(a) y a los(a) demás. ¿Estás preparado(a)?
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